jueves, 8 de marzo de 2012

Se propuso cambiar el mundo...





En silencio, sin promesas sin presunciones,
poco a poco, como un pintor que da dulces pinceladas
sobre un cuadro ya existente. Sabía que su tarea era como embestir a un búfalo y eso era lo que lo emocionaba: el reto, lo desesperadamente imposible que era.
Empezó un día, insistió el siguiente sin nada más que la idea, que el destino que ya habitaba en su corazón
y lo vieron,
todos lo vieron pero no sabían cómo definiro, etiquetarlo: algo peligroso había en alguien tan alegre, tan suelto.


Parecían pensar al verlo “¿Qué se cree este que no sufre como nosotros, que no se queja, que no vive desesperado?”
Las voces de todos los demás empezaron a subir de volumen y de intensidad, pero él ya había quedado sordo a ellos, sólo escuchaba una dulce melodía en su interior, que lo guiaba y lo hacía bailar en medio del caos. Empezó sin previo aviso a ver la conección de todas las cosas, a ver la sutíl oportunidad que se nos presenta de ser felices todos los días y sonreía como si esto fuera algo evidente.
Algunos comenzaron a imitarlo, pero no imitaban su corazón, sólo su comportamiento, convencidos que su sonrisa ayudaría al corazón a exorcisarse del miedo, del rencor y el sufrimiento, pero sólo tenían una máscara, una máscara que les empezó a pesar y les hizo convencerse de que él era un farsante.

Para ese momento el estaba más allá de todo lo que puede ser encapsulado por las palabras, se había fugado del sufrimiento atravesándolo de frente, con paso alegre pero firme...


y entonces paso el milago o la tragedia: se volvió energía pura, invisible a los hombres que van como zombies atados por el denso sufrimiento.

Él aún habita entre nosotros, listo para susurrarle sus palabras de amor a quien esté dispuesto a escucharlas, ansioso de guiar los pasos de quien quiera seguir su camino y va por ahí con una sonrisa pues sabe que transformó el mundo al aceptarlo y al vivir el reto de ser feliz mientras todos los demás eran desgraciados.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Nunca le dijimos

(Ésta es una historia que leí por primera vez en el libro "Caldo de Pollo para el alma 3" y es un gran ejemplo para los padres)


Mi hijo Joey nació con los pies torcidos hacia arriba y las plantas apoyadas en el vientre.
Siendo madre primeriza, eso me pareció extraño, pero no sabía qué significaba, en realidad.
Pero Joey había nacido con pie zopo.
Los médicos nos aseguraron que , debidamente tratado, podría caminar en forma normal,
aunque era probable que tuviera dificultades para correr.
Joey pasó sus tres primeros años de vida entre operaciones, yesos, aparatos ortopédicos.
Sus piernas fueron masajeadas y ejercitadas. En realidad, quien lo hubiera visto caminar
a los siete u ocho años, no habría adivinado que tenía un problema.
 
Si caminaba mucho (en el parque de diversiones o en el zoológico, por ejemplo),
se quejaba de cansancio y dolor en las piernas. Entonces nos deteníamos a descansar
y conversábamos de lo que habíamos visto, tomando un refresco o un helado.
Nunca le dijimos por qué le dolían las piernas ni por qué eran débiles.
No le explicamos que eso era de esperar a causa de su deformidad congénita.
Y como no se lo dijimos, él lo ignoraba.
 
Los chicos del barrio jugaban corriendo, como casi todos los niños. Al verlos,
Joey se levantaba de un salto y corría a jugar también. Nunca le dijimos que probablemente
no pudiera correr tan bien como los otros. No le explicamos que era distinto.
Y como no se lo dijimos, él lo ignoraba.
 
En séptimo grado, decidió que ingresaría en el equipo de cross-country.
Se entrenaba todos los días con el grupo. Parecía esforzarse más que ninguno de los otros.
Quizá percibía que ciertas facultades, naturales en tanta gente, no lo eran para él.
No le dijimos que, si bien podía correr, probablemente sería siempre el último.
Que no debía hacerse ilusiones de integrar el equipo. Ese equipo está formado
por los siete mejores corredores de la escuela. Aunque corra todo el grupo,
sólo esos siete pueden anotar puntos para la escuela. Y como no le explicamos que probablemente
jamás integraría el equipo, él lo ignoraba.
 
Siguió corriendo entre seis y ocho kilómetros diarios todos los días.
Jamás olvidaré aquella vez en que tuvo una fiebre de treinta y ocho grados.
No quiso quedarse en casa porque tenía práctica de cross-country.
Yo pasé el día preocupada por él. Esperaba que en cualquier momento me llamaran de la escuela
para pedirme que fuera a buscarlo. No hubo tal comunicación.
 
Al terminar el horario de clase fui a la zona de entrenamiento, pensando que, si me veía allí,
tal vez decidiera omitir la práctica de la tarde. Lo encontré corriendo
por una calle bordeada de árboles, completamente solo. Puse el coche a su lado
y lo acompañé a baja velocidad para preguntarle cómo se sentía.
 
-Bien- me dijo.
Sólo le faltaban tres kilómetros más. El sudor le corría por la cara
y tenía los ojos vidriosos por la fiebre. Sin embargo, mantenía la vista fija hacia adelante
y seguía corriendo. Nunca le dijimos que no podía correr seis kilómetros con una fiebre de treinta
y ocho grados. Y como no se lo explicamos, él lo ignoraba.
 
Dos semanas después, en vísperas de las carreras de la temporada,
se anunciaron los nombres de quienes integrarían el equipo. Joe figuraba sexto en la lista.
Había logrado entrar en el equipo. Estaba en séptimo grado, mientras que los otros
seis miembros eran del octavo. Nunca le dijimos que probablemente no llegara a integrar el equipo.
 
Nunca le explicamos que no podía. Y como no se lo dijimos, él lo ignoraba.
Simplemente, pudo.

miércoles, 8 de febrero de 2012

MR FLOWERS

(comparto un escrito hecho por mi hermana en noviembre de 2009)




Un amigo ha de ser como la sangre, 
que ante una herida, acude sin que nadie le llame. 
Francisco de Quevedo




Mi abuelo lo llamaba "Carlitos", a mi me hacía gracia ver a un "Carlitos" de ochenta y tantos, pero mi abuelo tenía el legítimo derecho a llamarlo así, pues era uno de sus mejores amigos, amigo de la infancia, y hablar de una infancia de hace más de 80 años, es hablar de una laarga amistad.

Pues bien, yo lo conocí cuando llegué a vivir con el abuelo, Carlitos había quedado viudo y le llevó a su amigo, todos los accesorios de enfermo que había usado su mujer, en caso que él los necesitara. Hay que reconocer que los regalos amistosos se vuelven cada vez màs extravagantes con la edad; otro ejemplo de esto eran las hadas. 

Mi abuelo era muy religioso, creo que su amigo también lo era, por eso nos pareció un poco extraño cuando el cuarto del abuelo se empezó a adornar con las hadas que Carlitos le llevaba: ¿"hadas, por qué carambas le regalará hadas?" nos preguntábamos, "tal vez les recuerda algo" era mi hipótesis. A mi, personalmente me facinan aquellos seres mágicos, sobre todo las figurillas que él escogía que eran realmente bellas, pero me daba mucha risa imaginármelo embrollado con mitologías extrangeras o con algún tipo de superstición. En fin, el misterio del esoterismo de Carlitos, quedó resuelto cuando mi hermano, mientras servía un poco de café a los dos amigos lo escuchó comentarle al abuelo a modo de disculpa: "Henry, ya no te he vuelto a conseguir más de esos angelitos que te traía"

Pero lo màs hermoso de Carlitos, no eran sus regalos, sino su presencia.

Era un hombre alto y delgado, con ojos tristes y aire solemne, con sus cabellos blancos bien recortaditos y estirados hacia atrás, en perfecto orden bajo su boina de lana, vestido sobriamente y con unos deliciosos modales, tan impecables como sus manos blancas y con una rítmica voz grave y pausada.

Sus visitas - generalmente breves- siempre dejaban un buen sabor de boca, como cuando alguien pasa, dejando un agradable aroma, así él, cuando se iba, nos dejaba un riquísimo olor a lealtad.

Mi abuelo era médico, un gran médico, de esos que de verdad creen que la medicina significa estar al servicio del prójimo, por lo cual, hizo innumerables cosas por cientos de personas (sin exagerar) por eso, ingenuamente pensábamos que en su vejez -o su enfermedad- todas sus pacientes o ex pacientes o etcétera, etcétera, se agolparían en la puerta para saludarlo, darle ánimos, o preguntarle "¿cómo se siente doctor?". Por alguna razón que desconozco no fue así, claro que tuvo visitas, pero no el número estratosférico que me hubiera imaginado, (quizá esto fue una fortuna, pues el abuelo se hubiera arrancado los pelos con tantas personas, y tal vez nosotros también), como sea, no pretendo juzgar a nadie, cada quien tiene sus razones y lleva sus propias cuentas de deudas y amistades, lo que sí quisiera recalcar, es que yo no sé cuánto haya hecho el abuelo por Carlitos, nunca se lo pregunté, (y aunque lo hubiera hecho, él no me lo hubiera dicho: mi abuelo no era un arlequín que cantara las propias proezas por las plazas). De lo que sí doy fe, es de cómo una o dos veces al mes, se aparecía aquel hombre frente a la puerta, acompañado de algún joven pariente, o chofer, o taxista, o quien se le atravesara para llevarlo a la casa, o, en el peor de los casos, cuando no conseguia a nadie, llamaba sin falta para asegurarle a su amigo que en cuanto pudiera lo iría a ver, todo esto sin contar además la llamada semanal que nunca faltaba.

Siempre consideré las relaciones del abuelo un poco fuera de lo común. No sé si era porque él era muy silencioso y reservado, o porque la edad va cambiando el ritmo de las cosas, o por ambas razones, pero el caso es que yo los veía hablar, y hablaban poco, en realidad, incluso en los días que el abuelo estuvo desorbitado de la realidad, Carlitos le platicaba cosas y luego guardaba silencio como para respetar el tiempo de respuesta del abuelo, que pocas vaces usaba, o que llenaba con palabras diparatadas al azar, y que Carlitos recogía como conversación válida, con una mirada de comprensión, que me hacía pensar que manejaban ya otro nivel de conversación, que se sublimaba a las palabras.

Un día, de pronto, nos dimos cuenta de que Carlitos ya no venía más. Uno, dos meses, nada. Estábamos tan atareados con la enfermedad del abuelo, y tan acostumbrados a que llegara o llamara por su cuenta, que no se nos ocurrió llamarlo, hasta que vine a saber por medio de mi tía que el Ingeniero Carlos Gonzales Flores, había muerto.

No supe cuando, no supe dónde ni sé por qué fue. Por fortuna mi abuelo no lo supo, ya estaba muy desconectado del mudo para enterarse, creo que fue mejor así. Pero en mi, se instaló una dulce y nublada tristeza en alguna parte de mi alma, y me abrazó mucho tiempo, porque por primera vez tuve ganas de haber asistido a un funeral, y pagarle un poco de la silenciosa compañía que él le brindó a mi abuelo.

Hoy, mientras internamente rezaba por mis muertos, mi mente viajó hacia él y me inundaron unas ganas explosivas de brindar por él, y compartir con ustedes a mi portotipo de amistad:

"Yo quiero ser una amiga como Carlitos cuando sea grande....muy grande" 


Montse!

miércoles, 1 de febrero de 2012

El Arte de Empatar


"Si quieres conocerte, observa la conducta de los demás. 
Si quieres comprender a los demás, mira en tu propio corazón." 
Fredric Schiller


Cada uno tiene un punto de vista pero cuando uno logra ver desde el punto de vista del otro se llega a la empatía, muchos la hemos sentido, todos la necesitamos, pero pocos saben cómo poner en práctica, a continuación hay unas consideraciones interesantes sobre la empatía.


¿Qué es?

Del griego em- Dentro de; pathos- Sufrimiento. Participar del sufrimiento del otro.Tal vez sea coincidencia su parecido con la palabra “empatar”, que viene de im pattare o quedar en paz. Cuando dejamos de intentar ganar o competir y buscamos empatar, entablar.


¿Cómo se alcanza?

Cuando tratamos de ganar en una discusión, competimos por tener la razón y nos comparamos con los demás, atrincherados desde nuetro propio punto de vista, siempre a la defensiva y se viendo al otro como el agresor: “Yo soy más” “Yo soy mejor”, “Yo soy el bueno y tú el malo.”

Si queremos empatar con el otro debemos de tomar una estrategia muy diferente, en vez de centrarnos en las cosas en las que somos diferentes como la forma de ser o la forma física, o forma de comportarnos, nos debemos ir a aquello en lo que somos iguales, porque sabemos que en el fondo todos somos iguales.


¿Qué cosas compartimos todos?

Sin importar qué situaciones hayamos experimentado, todos tenemos necesidades, sentimientos y emociones, aunque cada quién reacciona de forma diferente. Cuando las necesidades de alguien no quedan satisfechas, generalmente afloran sentimientos de enojo, insatisfacción, frustración y un largo etc. A veces estamos tan centrados en lnuestros pensamientos o sentimientos, que podemos llegar a olvidar que los demás tienen su propia perspectiva

Por eso vale la pena preguntarnos por qué alguien está actuando de determinada manera antes de diagnosticar que hay algo mal en el otro o que hay algo mal dentro de nosotros. Muchas veces nos tomamos las cosas de manera personal pero si nos preguntamos cómo se estará sintiendo la otra persona, creamos una conexión con ella pues seguamente nos hemos sentido así antes.

Siempre hay personas con las que es más fácil empatar que con otras, mientras más cosas en común tenemos, más fácil es esta tarea, pero definitivamente siempre se puede llegar a la empatía con los demás.


¿Qué dificulta la empatía?

Constantemente tendemos a etiquetar a las personas (sobre todo en las fotos de Facebook) pero esta es una de las barreras de la empatía, si por ejemplo a alguien que se acerca con lágrimas en los ojos, lo tachamos de chilletas, pues ya no va a sentir confianza con nosotros y nunca averiguaremos por qué se sentía así. Como este hay miles de ejemplos.

Competir con los otros y compararnos con ellos son la mejor receta para que no se logre nada, pues en vez de buscar las coincidencias, exaltan las diferencias, la polaridad y curiosamente siempre sentimos que los que estamos bien, somos nosotros.

Otra barrera común es diagnosticar al otro desde nuestra perspectiva, pues no nos hemos puesto aun del lado del otro, sino que diagnosticamos desde nuestra situación personal.

Una barrera más es portarnos inflexibles con los demás y esperar que el otro ceda. Cuando luchamos por tener la razón nos distanciamos en vez de acercarnos.


¿Qué facilita la empatía?

Así como hay barreras también hay puentes, que nos ayudan a unír y acercarnos a los demás. El primer puente es sacar la atención de nosotros mismos e imaginar cómo podría estarse sintiendose el otro, qué habría ocasionado esos sentimientos o qué se podrá hacer para cambiar su ánimo.

Imaginarnos no basta, el siguiente puente es preguntar, no somos adivinos así que preguntar es la mejor forma de acercarnos a los demás. Intenta con tus preguntas descubrir cómo se siente nuestro interlocutor y por qué se siente así, qué piensa él o ella que ocasionó que se sintiera así o qué podrías hacer tú para que se sintiera mejor.

Otro puente que parece sencillo pero puede costar mucho trabajo es simplemente escuchar y dejar que el otro nos diga todo lo que nos quiera decir, no sólo con palabras sino a través de todos los canales.

Perdonar, a veces las personas que están sufriendo actúan de formas poco agradables, si los comprendemos y olvidamos pronto lo que nos hicieron, más fácilmente se acercará el otro.


¿Qué se gana cuando se empata?

Cuando se actúa empáticamente se ganan muchas cosas:

-Llega a conocer mejor a alguien con quien estamos tratando.

-Logramos entender por qué en el pasado las personas actuaron de determinada manera

-En el presente mejora nuestra relación con las personas: al sentirse comprendidos y escuchados las personas confían más y tienden a actuar más abiertamente

-Ayuda mucho a que en el futuro seamos más cuidadosos o consideremos y evitemos hacer cosas que sepamos que a alguien más pueden no parcerse,

-Siempre que ofreces empatía, terminas recibindo empatía, el asunto es que a la mayoría nos encantaría que el otro fuera primero empático para ser empáticos después.


En Resumen:

La cancióin de la semana es “We can work it out” de los Beatles que justo recomienda ver las cosas desde el punto de vista del otro para resolver más fácil nuestros conflictos. De esa canción me encanta la frase: “La vida es demasiado corta y no hay tiempo para pelear y enojarse, mi amigo.” Si quieren una canción en español, ahí está “Las flores, de Café Tacvba: “Yo te escucharé con todo el silencio del planeta y miraré tus ojos como si fueran los últimos de este país.”

Recuerda que la Empatía es un hábito así que durante esta semana practícala conscientemente, pregúntate cómo se estará sintiendo la otra persona y por qué. También ayudaría mucho reducir los juicios e interpretaciones de los demás. Y si mientras leían pensaron que a alguien que conocen le hace falta ser empático, con toda la confianza, ¡Compártanselo!


jueves, 26 de enero de 2012

El Puercoespín y el Armadillo





Estaba el Puercoespín muy triste, no le encontraba sentido a la vida pues siempre terminaba lastimando sin querer a todos los animales que quería. En eso pasó un armadillo se compadeció y le ofreció un abrazo sincero. El Puercoespín vio sorprendido que no lo hería y ese fue el inicio de una larga amistad.

Sé paciente, pues algún día llegará alguien dispuesto a aceptarte tal y como eres. 

Mi Primera Entrada

La semana pasada, una amiga me sugirió que empezara a escribir lo que sé, a ttransmitir lo que siento, subiendo videos a Youtube, tal vez sea una tendencia natural el creer que nadie estará interesado en lo que tenemos por dentro pero sólo hay una forma de averiguarlo.


El día de hoy una amiga que tiene un Blog muy interesante me comentaba que lo había abierto por consejo de su terapista, pues era más barato que cualquier Valium o Prozac y para como está la situación, es mejor ahorrar, así que yo no sólo me ahorraré el Valium y el Prozac sino que hasta la terapista pues seguiré el consejo de la terapista de Sol. Bueno, qué podrán leer en este Blog? Pues básicamente reflexiones, visiones y perspectivas del mundo, quiero sacar lo que tengo en algún lugar atorado. Tal vez a veces escriba Fábulas, tal vez otras, artículos, ensayos o pensamientos al aire, a ver que sale, ahora de la nada tengo un nuevo Blog un nuevo Twitter y en breve tendré un nuevo canal de Youtube. Me deseo lo mejor o, cómo se dice ahora: "Decreto que me va a ir muy bien."